12.11.08

Siempre, llega el enanito


Siempre,
apartando piedras de aquí,
basura de allá -haciendo labor-
siempre va esta personita feliz
trocando lo sucio en oro
Silvio Rodríguez - El reparador de sueños







El otrora niño de la pupila ardiente era cuatro lustros más tarde un esclavo de la rutina, damificado del desamor, sobreviviente del consumo. Atrás había quedado el niño aquél que soñaba despierto con cambiar el mundo, ser astronauta y conquistar las estrellas. Ahora, había aprendido el arte de sonreir por compromiso, pensar con desidia, clausurar sus oídos y nublar su vista cuando la realidad se le ponía al frente, en la forma de un indigente vendiendo caramelos.

Una tarde recibió un mensaje de su madre: hace algún tiempo no la visitaba, solamente cumplía con pagar las cuentas de la casa que años atrás fuera su hogar.

- Es misa de tu abuelo, el siete se cumplen veinte años. Te esperamos.

Su abuelo había sido un personaje distinto, que raras veces se enojaba. Fué un padre estricto, pero siempre sonreía, jamás se quejaba de su suerte, ni siquiera cuando de pronto tuvo que cuidar los cinco hijos de su cuñada muerta, los que sumados a los suyos llegaban a once las criaturas que mantener.

Pese a que solamente había culminado la primaria, siempre andaba en la búsqueda de la verdad: en ese camino se convirtío al budismo y hasta fué mormón, ante el escándalo de su mujer, ferviente católica. Un día, el anciano regresó a la Iglesia Romana, quizá porque entre los santos se sentía en compañía.

De pronto, por solo unos minutos, en aquel recordar al abuelo ausente, ese hombre volvió a ser niño, retrocediendo hasta un tiempo en que la vida era simple, el aire sin smog y los ríos sin relaves. Eran épocas díficiles para su país, pero ante sus ojos de pantalones cortos la vida era solamente un juego en donde los buenos siempre vencían, como en esas novelas de Dumas que avidamente leía.

Sin querer, se internó en un sueño profundo, encontrando a un anciano de pequeña estatura, con un aire familiar en esos ojos claros que nunca olvidó: era su abuelo, aquél compañero de sus primeros años, cuando visitarlo en la campiña era su mejor regalo de vacaciones: fué allá donde le enseñó el amor por animales, contándole sus días de apogeo como veterinario de la vieja hacienda. También aprendió a levantarse a golpe de cinco de madrugada, para barrer con diligencia el polvo que se acumulaba en esa vieja casa de barro, ya que la limpieza de espíritu empezaba con el aseo de la morada:

- La casa es como la conciencia, si no se limpia todos los días, luego será más dificil quitar las telarañas - decía el viejo, sonriendo sin malicia.

Sí, ese anciano era su abuelo. El hombre se acercó a él y lo abrazó, como en las épocas en que era apenas un niño. Contempló su rostro arrugado, su cabello con apenas canas, sus ojos claros, y su sonrisa que contagiaba. Ahora lo veía mas pequeño de lo que recordaba, seguramente por los centímetros que había crecido, aunque las orejas puntiagudas del abuelo le hacían sospechar que se había convertido en un duende en constante labor.

- Te extrañé, papapapo- exclamó, emocionado.

- Siempre serás mi número uno - le dijo el anciano.

Esa frase fué la misma que escuchó veinte años atrás, cuando lo visitó por última vez , en sus horas finales antes de partir donde los mortales se hacen eternos. Antes de poder responderle el anciano desapareció, al mismo tiempo que áquel hombre despertaba de su letargo, conmovido, con el alma renovada.

El recuerdo de las palabras de ese anciano se había convertido en su reparador de sueños.

Silvio Rodríguez - El reparador de sueños


10 comentarios:

Eria.. dijo...

El recuerdo que guardo de mi abuelo no tiene nada que ver con esto. Dicen que la vida de un niño es mas feliz cuando va de la mano de su abuelo y normalmente suele serlo. Yo tengo a mi tía Maria y no quiero que se vaya nunca nunca.
Besitos varios.

MaRuLaNdIa dijo...

me encanta la trova y descubro el mar... de hecho lo descubri hace tiempo y no habia dado cuanta... saludos... gracias por la grata visita

Ericarol dijo...

queeeee lindooooo

me recuerda la relación ESPECIAL de mi hijo y mi papá, y me hizo llorar

gracias

Besos ciudadano gris!!!

DianNa_ dijo...

Preciosa tu historia, gracias, amigo.

Te dejo besos

Arkantis dijo...

La foto con el elfo..yo los colecciono.. :-D

El texto muy bonito..

Un besazo y feliz finde

AriaDna dijo...

Qué precioso, hoy estás muy tierno

un beso

Cathy Pazos dijo...

Que lindo post. me encantó.

Lúcida dijo...

Siempre serán personajes importantes, los que nos contaron las mejores historias.

Carlos Augusto Pereyra Martínez dijo...

Hermoso texto. Me ha hecho recordar que hace unos días andaba buscando en mimemoria la inocencia de mi niñez, y me volví a ver, tirado en un andén, bocarriba, entrada la noche, en el pueblo de mi niñez, Barichara, como diría Alberto Cortez, "pastoreando las estrellas".

UN abrazo, compañero de inocencias rescatadas.

Ana Báez Sarita dijo...

Me encanta este escrito, saludos desde la ciudad del sol...