18.7.08

Yo te seguiré en tu activismo ancestral


Y hasta prometo aprender de memoria

el libro de Simone de Beauvoir.
Frank Delgado -Utopías



Religiosamente, de seis a nueve, él llegaba a echarse en su regazo, cansado del mundo. Ella ocultaba sus somníferos debajo del sofá y lo recibía, con la mejor de sus medias sonrisas. Entre ambos solitarios se había tejido una intensa trama de secretas complicidades, a la luz de la chimenea, al ras de la alfombra.

Así había sido desde aquél lejano otoño de mil novecientos noventiocho, cuando en medio de gases lacrimógenos se conocieron fortuitamente, a finales de una manifestación reprimida con varas del oficial. Él recordaba como si fuera ayer, aquella tarde, en que mojó su camisa en la fuente para limpiar el rostro encendido de aquella joven que tomó del brazo, instintivamente, para salvarla de una detención arbitraria. Fué la primera vez que miró sus enrojecidos ojos, fué la primera vez en que soñó perderse en sus labios, aferrarse a sus pechos, refugiarse en su cintura.

Luego, llegaron los cafés en el Queirolo, y allí descubrío en sus palabras a Beauvoir, Sartre, Youcernar, además de guerrilleras anónimas y activistas encarceladas. Él, que hasta ese entonces no había pasado de ser apenas un evidente panfleto curtido por Editorial Progreso, sintió un fuego en el alma altamente adictivo. Mas tarde, llegaron los besos y el fundirse juntos en frías habitaciones de hostal, en el grass de un parque olvidado, o simplemente mirando el mar de Barranco, en especial a las seis de la tarde.

Muchos años pasaron desde los tiempos aquellos: transcurrieron gobiernos civiles, modas musicales, los veinte años y nó pocas ideologías. También habían pasado amantes, dolores y desencuentros. Pero ellos siempre volvían a juntarse: Ella con efusivos discursos defendiendo la pureza del amor lésbico frente al culto fálico, él jurándole fidelidad eterna a pesar de los miles de olvidos o bromas de Dios. Al final, ambos eran simplemente dos refugiados del mundo real, construyendo su propia utopía de tres horas al día .


Frank Delgado - Utopías

2 comentarios:

i r i s e s dijo...

no sé porq no he podido escribir nada, digamos ficticio, sobre el 98, marchas y demás. Será q todo eso tiene un sabor muy real todavía en mi boca.

Y por cierto unos muy amigos míos se conocieron, así como narra usted. Entre bombas y botas de cachaco, en plena marcha por el tribunal constitucional... Supongo que no fue la única historia de amor que nacería entonces.

Igual, aunque ellos, mis amigos, estuvieron casi 5 años juntos. Se separaron amigablemente y en paz.
Un final no muy poético, no muy feliz.

Así son pues, estas cosas de la política y el amor.

un abrazo

Ella Dice dijo...

QUE GENIAL